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Economía estancada con inflación, que alimenta más polarización y enfrentamiento desde la Presidencia, en un entorno internacional sumamente incierto y volátil, comenta Macario Schettino.

AUTOR: Macario Schettino / EL FINANCIERO

¡Bienvenidos al 2022! Para iniciar, conviene una fotografía del arranque de este año, esquemática, limitada, pero que nos ilustre acerca de lo que podemos esperar para los próximos 12 meses.

En lo internacional, la situación es bastante incierta. Las dos economías más grandes del mundo tienen dificultades. Estados Unidos, acechado por la sombra del regreso de Trump, frente a un gobierno demócrata que no ha podido reducir la polarización. La popularidad de Joe Biden es la más baja registrada por un presidente de ese país, con la excepción, precisamente, de su antecesor. En noviembre habrá elecciones de medio término, y es casi seguro que los demócratas pierdan la mayoría en ambas cámaras, dejando a Biden en una posición muy débil rumbo a 2024.

En China, todo indica que la fase de expansión económica ha llegado a su fin, de la misma forma como ocurrió en Japón hace 32 años: con el derrumbe del sector inmobiliario. Si sumamos a ello la contracción demográfica que ya se vive en ese país, el panorama no es bueno. Tal vez por eso Xi Jinping está intentando concentrar el poder, eliminar a la oposición y controlar cualquier fuente independiente, sean empresarios, académicos, deportistas o actores y cantantes. Este año se confirmaría un periodo adicional de cinco años para Xi, o incluso el poder vitalicio, ya veremos.

Aunque Europa es cada vez menos importante, no hay que menospreciar la tragedia en que está Reino Unido después del Brexit, ni que éste será el primer año sin Merkel en Alemania, desde 2004. Habrá elecciones en Francia en abril. Putin sigue empeñado en convertirse en el factótum de ese continente. En América Latina, Colombia y Brasil tendrán también elección presidencial este año.

En México, en 2021 continuó el proceso de demolición institucional en el que se ha empeñado López Obrador. Su enfrentamiento con el INE es tal vez lo más importante, porque de ese instituto depende que sigamos siendo una democracia. La última decisión del TEPJF al respecto es un triunfo del INE, y obliga al gobierno a cubrir los gastos del capricho de la revocación, pero no es el fin del conflicto. En una visión de más largo plazo, la destrucción de las capacidades científicas del país es, sin duda, lo más grave. Ahí, ya hay presencia de la fuerza pública en el CIDE, se ha ampliado el daño presupuestal a la ENAH, se promulgó un ordenamiento chamanístico-Lysenkoísta para Conacyt, y se abandonó a los investigadores del SNI. Finalmente, en el renglón de venganzas personales, sigue Rosario Robles encarcelada en violación a la ley, Gertz mantiene en prisión a sus familiares y atiza el fuego en la UDLAP, y Cuitláhuac García detiene opositores en Veracruz.

En lo relativo a la economía, los últimos datos de 2021 confirmaron la estanflación. El crecimiento económico es ya negativo, y eso hace muy difícil pensar que podremos mejorar en este 2022. La inflación, en cambio, muy probablemente haya cerrado el año cerca del 8%, y se alimentará del incremento en tarifas que entró en vigor este fin de semana. Con menos dinero en el bolsillo, y precios más elevados, la población no estará contenta. López Obrador evitará ese enojo como lo ha hecho siempre, hablando. Profundizará en los conflictos mencionados, abrirá otros (reforma eléctrica, electoral), inventará enemigos y seguirá cavando el ya profundo hoyo en que se encuentra.

En suma, economía estancada con inflación, que alimenta más polarización y enfrentamiento desde la Presidencia, en un entorno internacional sumamente incierto y volátil. Frente a ello, esta columna le sugiere prudencia en lo económico, paciencia en lo político, atención a lo internacional. En unos cuatro años las cosas se verán mejor.

FUENTE: https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/macario-schettino/2022/01/03/comenzamos/